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¿Qué nos mantiene sanos?

Harald Renner

En 1994, la revista alemana GEO publicó una encuesta representativa: "¿Qué nos mantiene sanos, qué perjudica nuestra salud? ¿Dónde están los peligros? La mayoría de las respuestas a estas preguntas sorprendieron en su momento y siguen siendo notables hasta el día de hoy.

En la encuesta, la población eligió los peligros que creía que podían ser perjudiciales para nuestra salud. Las enumeraron en orden descendente: Desechos tóxicos, asbesto, efectos secundarios de medicamentos fuertes, gases de escape de autos, contaminación del agua potable, SIDA y plantas de energía nuclear.

Los expertos de la ciencia y la tecnología evaluaron los riesgos de forma diferente y lo siguen haciendo hoy en día. Para ellos, el alquitrán y el vapor de nicotina de los cigarrillos representan el mayor riesgo para la salud con un 81 por ciento. El 71 por ciento afirmó que las personas no hacen suficiente ejercicio. El 58 por ciento señaló que el alcohol es un veneno. Con un 42 por ciento, la "grasa" y el sobrepeso son mucho más peligrosos que el amianto, los residuos tóxicos o los peligros de la energía nuclear.

Parece difícil ponerse de acuerdo sobre los "riesgos para la salud". ¿Al menos sabemos lo que nos hace sanos?

Karin Felix podría ayudarnos a responder la pregunta. Escribió un bestseller llamado "Fitness and Health" hace mucho tiempo. Así es como se lee en los créditos iniciales:
"El libro quiere animar a las mujeres a hacer algo por sí mismas, por un cuerpo sano y hermoso, por la serenidad y la confianza en sí mismas. El objetivo del libro es animarles a llevar una vida activa y relajada. Cada mujer puede elegir lo que le gusta de entre la variedad de posibilidades. Porque una buena autoestima completa no es cuestión de edad o forma física". Hoy tenemos que elegir este idioma para atraer a muchos lectores. Confianza en sí mismo, diversión, una autoestima holística - tales conceptos capturan el espíritu del momento. La salud como componente central de la calidad de vida: este mensaje suena bien y es claro. No es un error responder a las preguntas de salud de esta manera. Con toda la aprobación fundamental de este libro y su actitud positiva hacia la vida, me gustaría añadir dos preguntas reflexivas.

Primera pregunta: El "cuerpo sano y bello": ¿acaba esta ecuación memorable y superficial con nuestro concepto de salud? ¿Es eso lo que nos mantiene sanos?
Segunda pregunta: ¿Puedo llamar a mi meta "salud para mí"? ¿Salud sólo para mí, para mi ser querido? ¿O tomo partido por la demanda más humana de la Organización Mundial de la Salud (OMS)? "¿Salud para todos?

La OMS enumera siete condiciones básicas para la salud:

1. una autoestima estable
2. una relación positiva con el propio cuerpo
3. amistad y relaciones sociales
4. un medio ambiente intacto
5. trabajo significativo y condiciones de trabajo saludables
6. Conocimiento de la salud y acceso a la atención sanitaria.
7. Un presente que vale la pena vivir y una esperanza bien fundada de un futuro que vale la pena vivir.

¿Qué amenaza nuestra salud hoy en día, pone en peligro nuestro cuerpo, nuestro espíritu y nuestra alma? ¿Qué nos abruma?

La sobreestimulación a menudo determina nuestras vidas, la prisa y la inquietud, la ira y la agresividad, la falta de ejercicio y el ruido, el tráfico masivo y la estrechez espacial. Nos gusta vernos a nosotros mismos en el papel del hacedor que domina la tecnología y utiliza los nuevos medios con confianza. Pero con mucha más frecuencia estamos sujetos al aparato que nosotros mismos hemos creado. La presión para actuar está en todas partes. Tiene bajo su control a alumnos y deportistas, conductores de automóviles y trabajadores, trabajadores autónomos y empleados. El tiempo libre, las vacaciones y el placer también están determinados por el estrés, que tira de nuestra fuerza y nuestros nervios.

¿Por dónde empezar si queremos construir un contrapeso al "síndrome de la persona sobrecargada" dentro de nosotros mismos? Tal vez tratando de estabilizar nuestra autoestima. El profesor Siegrist escribe: "Según los conocimientos actuales, una autoestima estable es un requisito previo importante para manejar bien el estrés, el conflicto y la tensión emocional. Si el entorno social dificulta el desarrollo o la estabilización de la autoestima, esto limita la tolerancia al estrés. Las crisis entonces despliegan su asombroso poder al máximo, y la susceptibilidad a las enfermedades aumenta".

Deberíamos tomar contramedidas. Con nuevas y probadas técnicas de relajación tenemos la posibilidad de contrarrestar el estrés, el miedo y la depresión y así fortalecer nuestro sistema inmunológico. La abundancia de la oferta es abrumadora. Los que han perdido la visión de conjunto pueden concentrarse en los programas que han atraído el creciente interés de los psicólogos e investigadores del cerebro desde hace algunos años. Mencionaré dos ejemplos que están en el punto de mira: el entrenamiento de atención plena (MBSR) y el golpeteo (EFT). Basándome en mi buena experiencia, puedo recomendar estos métodos a otros. Google y YouTube proporcionan mucha información descriptiva.

Eventualmente tendremos que preguntarnos cómo es nuestro plan de vida. Si reconocemos lo que nos enferma, es posible reconocer lo que nos mantiene sanos. ¿No se han retrasado las correcciones? ¿Por dónde empezar cuando la presión del sufrimiento aumenta? Sobre todo, no debemos seguir participando en todo lo que los demás -contrariamente a nuestras convicciones internas- esperan de nosotros. Debemos aprender a decir "no" a las cosas que encontramos irrazonables, de una manera amistosa pero definitiva. También a las cosas que nos imponemos sin necesidad. Debemos desarrollarnos en "egoístas tolerantes" en un sentido aceptable. Es posible que nuestra familia, nuestros amigos y conocidos, nuestros superiores y colegas profesionales encuentren tal cambio de valores más atractivo a largo plazo que una participación bien adaptada y cumplida. Si no es así, debemos informarles de nuestros cambios de actitud. Me gusta citar esta frase: "Si queremos estar satisfechos, nadie puede impedirlo. Si reconocemos que nuestras expectativas y demandas son responsables de nuestra satisfacción, podemos cambiar esas expectativas, si estamos preparados.

Todos estamos sujetos al constante equilibrio entre el éxito y el fracaso: nadie es inmune. Aunque parezca una contradicción: Necesitamos este juego con riesgo como el aire que respiramos. No porque la emoción nos emocione, sino porque cada riesgo ofrece oportunidades tangibles.
Cuanto más difíciles son los desafíos, más satisfactorio resulta haber superado el miedo y la incertidumbre. El orgullo por un logro que antes no te atrevías a hacer significa una valiosa ganancia en salud mental. Una buena prevención no envuelve a las personas y sus problemas en algodón, sino que las anima a llevar una vida consciente "aquí y ahora".

Nuestra mejor protección sanitaria parece ser aprender a manejar los conflictos y las tensiones de tal manera que no nos paralizan, sino que crecen a partir de ellos. Esto incluye sentirse como en casa en algún lugar, reconocer el sentido de la vida y desarrollar perspectivas personales. Tenemos confianza, cultivamos las relaciones y podemos sentir alegría. Nos atrevemos a hacer algo y estamos agradecidos por toda la gama de nuestras emociones. La rabia y la envidia y el miedo y la tristeza son parte de ella, pero también el amor, la simpatía y la alegría sensual. Todo es parte de ser humano.

Recordemos también que no son sólo nuestros semejantes los que nos causan estrés. Nosotros mismos podemos causar estrés diario a otros sin darnos cuenta. Esta perspicacia nos permite cambiar nuestra actitud de egoísta a empática. De esta manera mejoramos nuestra propia salud y podemos promover la salud de los demás. Esto significa asumir la responsabilidad de tres maneras. Se trata de la responsabilidad de nuestra propia salud, la responsabilidad de la salud de nuestros semejantes y la responsabilidad de las condiciones de vida en nuestro planeta y, por tanto, de las posibilidades de vida de las generaciones futuras.

El primer objetivo -la responsabilidad por la propia salud- es obvio. Aquí encontramos los temas clásicos que apuntan a un estilo de vida saludable, como la nutrición sana, la prevención de enfermedades cardiovasculares, el uso moderado de estimulantes. Aprendemos a reconocer y cambiar las condiciones de vida que dañan nuestra salud. Aprendemos a percibir la interacción entre el cuerpo, la mente y el alma y ganamos competencia en la toma de decisiones para nuestra salud.

El segundo objetivo de la promoción de la salud es responsabilizarse de la salud de los demás. ¿Cómo se ve esto en la práctica? Nadie quiere poner en peligro o dañar a sus conciudadanos con un comportamiento imprudente en las calles; ¿quién de nosotros no lo habría hecho ya? Nadie quiere que el más fuerte perjudique al más débil, lo sobrecargue y ejerza presión física o psicológica, pero conocemos muchos ejemplos de dónde ocurre y no intervenimos.

Los informes de violencia contra los indefensos en todas sus formas terribles nos horrorizan. Pero, ¿estamos luchando con ahínco para que esto no vuelva a suceder? También debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Ayudamos a nuestros semejantes a hacer frente a sus problemas de vida, les damos apoyo social? ¿Entendemos a los ancianos, a los discapacitados y a los enfermos?
¿Cómo tratamos a los pacientes de cáncer incurable en nuestro vecindario? ¿Apoyamos y estabilizamos a los jóvenes adictos en nuestro círculo de conocidos? Hagamos nuestra propia contribución personal para liberar a la gente de un círculo vicioso que hace del suicidio la única salida.
¿Quién negaría que todas estas preguntas tienen algo que ver con la salud? ¿Quién negaría que podemos y debemos hacer algo más que cuidar de nuestra propia salud?

Un tercer objetivo de la promoción de la salud es asumir la responsabilidad de las condiciones de vida en este mundo y, por lo tanto, de las oportunidades de vida de las generaciones futuras. En los próximos años, esta cuestión nos preocupará, tanto si queremos asumirla como si no. En cuestiones "globales" como la política medioambiental o de paz o un orden mundial justo, deberíamos abstenernos de utilizar un optimismo encubierto sobre el propósito, el desánimo y la resignación. Confiemos en el principio de la esperanza sin perder el contacto con la realidad. Confiemos en una esperanza activa e impaciente que busca todas las oportunidades para actuar dentro de los límites de lo posible. Esto es cierto en el área que conocemos y de la que somos responsables.

Según un estudio de la Universidad de Bielefeld, el 61 por ciento de los jóvenes de nuestro país ven amenazado su futuro por la destrucción del medio ambiente. Esta cifra demuestra que es posible cambiar actitudes y despertar el interés con paciencia y persuasión. Pero las consecuencias del conocimiento correcto y de las buenas intenciones por sí solas no son suficientes. Conocimiento no es sinónimo de acción, acción no es sinónimo de cambio de comportamiento estabilizado. Tenemos que hacer frente a este problema si queremos influir en nuestro propio comportamiento en materia de salud y en el de nuestros semejantes.

En los últimos años ha quedado claro que no tiene mucho sentido definir un determinado mensaje preventivo ("fumar mata") y publicarlo con la ayuda de medios publicitarios de renombre. Con este procedimiento, podemos engañarnos a nosotros mismos haciéndonos creer que hemos hecho lo suficiente. Pero con ello conseguimos poco, al menos si sólo utilizamos este método. Las cosas son más complejas.
De la investigación del comportamiento y de nuestra propia experiencia sabemos que la motivación más fuerte en el comportamiento humano no resulta de consideraciones racionales, sino de impulsos emocionales. Saquemos conclusiones de esta idea.

Digamos adiós al intento mil veces fallido de lograr un comportamiento de salud estabilizado y cambiado únicamente por medio de la mediación informativa. También debemos decir adiós al intento de lograr algo positivo describiendo sólo las oscuras consecuencias de un estilo de vida equivocado. Y debemos centrarnos más en las posibilidades de discusión y trabajo en grupo. Debemos tratar de convencer a través de nuestra personalidad, nuestra apertura y, si es posible, nuestro propio comportamiento positivo en materia de salud. La decepción y el fracaso en la promoción de la salud son inevitables incluso cuando vemos a nuestra contraparte como un objeto, pero no como una pareja madura, igualitaria y autodeterminada que tiene tanto que darnos como nosotros a él.

Aquellos que se han comprometido con la buena tarea de promover su propia salud y la salud de sus semejantes viven en constante peligro de ser decepcionados y resignados. Reduce el peligro si aceptamos una imagen realista de la humanidad y objetivos alcanzables. Así que, de vez en cuando, miremos con autocrítica por encima de nuestros hombros. Nuestro propio entusiasmo, nuestra propia eficiencia, nuestros propios éxitos en materia de salud pueden tentarnos a sobrecargar a nuestros socios que buscan asesoramiento. En su lugar, debemos ofrecer hitos alcanzables y, por lo tanto, una ayuda personal. Nuestros socios en la promoción de la salud no deben ser víctimas de nuestras propias metas y expectativas tensas. Hacemos el sacrificio nosotros mismos. Puede ser decepción, resignación y abandono. La conciencia de la realidad se convierte en nuestra importante protección.

Hoy en día hay personas en la medicina y la promoción de la salud, en la educación y en el sector social, en la política y en los medios de comunicación que entienden los signos de los tiempos y piensan y actúan en colaboración. El trabajo en equipo y los enfoques multisectoriales son importantes para arrojar luz sobre los antecedentes sociales y psicológicos de los comportamientos relacionados con la salud. No debemos olvidar la importancia que concedemos al tratamiento de los conflictos, nuestro miedo personal y social, nuestro miedo a la exclusión y la discriminación. No debemos subestimar el impacto del prestigio y la presión del grupo sobre nuestro comportamiento en materia de salud. Prestemos también atención al poder de los medios de comunicación y de la publicidad.

La promoción de la salud sólo es eficaz si influye en el comportamiento y las circunstancias, si tiene en cuenta el entorno social y lo adapta a la persona y a sus condiciones de vida.
Cualquiera que haya reconocido que la promoción de la salud significa trabajo en equipo también entiende que ningún grupo especializado por sí solo tiene la "piedra filosofal" en sus manos. La apertura, la diversidad de opiniones y la tolerancia son demandadas en la discusión sobre los objetivos y contenidos del trabajo conjunto. Necesitamos una responsabilidad de salud que incluya a todos. Eso nos mantiene sanos.

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